domingo, 25 de septiembre de 2016

LA CIENCIA DISPARATE Y EL DISPARATE EN SÍ (O DO BEMOL). LA MISCELÁNEA SE QUEDÓ A VIVIR.

Los premios Ig Nobel vienen a ser los Razzies de la ciencia, salvando muchas distancias. Un científico de esos, que suele ser un tipo algo loco (hay que estarlo hoy en día para devanarse los sesos por algo que no da dinero inmediato) decide estudiar cosas aparentemente inútiles, y le dan un "premio" dudoso. Supongo que en ese gremio habrá "frikis" como en todos los demás. Los "frikis" del cine también tienen su premio Razzi, y algunos se reinventan como directores. (Ben Affleck, que es malo y poco creíble incluso anunciando champús contra la caspa, cuando dirige parece otro, y mi admirada por guapa Sharon Stone, miembro de Mensa, con un C.I. superior a 140, según dicen o dice ella, aún trata de reinventarse en algo con bragas, pero no le sale). 
He leído que el Ig Nobel de la paz, "aquí paz y después gloria", se lo han dado a un grupo de científicos que han descubierto la relación directa entre quienes se impresionan con frases lapidarias pseudo profundas y un nivel  de inteligencia mediano tirando a mediocre. A mí, que rastreo ese tipo de frases en Facebook, me sigue sorprendiendo que se compartan las que tienen, y son mayoría, faltas de ortografía o errores gramaticales. ¿Cómo puede ser que un supuesto y sesudo intelectual muestre ante el mundo sus carencias lingüísticas cuando presume de otras virtudes? 
En una ocasión recriminé en privado (los tirones de oreja públicos suelen ser pasto de venganza y trato de evitarlos, porque vienen a semejar una lapidación secundada por "ultras") a una amiga que publicaba una de esas frases: "quien no viaja se pierde mucho de la vida" (más o menos, por resumir). Le dije que me parecía un comentario, aparte de vulgar y poco original, elitista, porque muchas personas no pueden (no podemos) emplear el dinero que no tienen en viajar, a menos que opten por casarse y poner el número de la cuenta corriente en la lista de bodas, "porque para la casa ya tenemos de todo" (-y alguien tiene que pagar el cubierto y el crucero por las Seychelles-, piensan pero no dicen). Mi amiga me dio la razón, cosa que agradezco, aunque no dejó de colgar y compartir sentencias del mismo pelo. Mi única respuesta consistió en dejar de seguirla, o sea, de leer sus comentarios aunque sigamos siendo amigos, o lo que diga Facebok que es serlo.
Esto trae al hilo otra cosa que leí esta semana: "firma para que el programa TAL deje de emitirse". Creo que en cuestiones de gusto que no alteran el orden normal, buscar socios no deja de ser un esfuerzo poco democrático. Cada quién es libre de sintonizar el canal de TV que desee. Mi respuesta en esos casos suele ser inmediata y, a decir de algunos, radical: cambio de canal de TV cuando aparece Sálvame o de radio cuando "suena" Amaya Montero, Jarabe de Palo, rap o raggetón, si se escribe así. Para eso no hacen falta mayorías, partidos ni change.org. No veo lo que no quiero, ni escucho lo que no me interesa, pero dejo que otros lo hagan, en su derecho están. Si alguno argumenta "algo hay que ver en la tele", sonrío mientras la apago y abro un libro o pongo el equipo de música con lo que me gusta, o ambas cosas a la vez.


RECUERDOS DE AYER Y HOY

Éramos cuarenta y cinco alumnos en mi aula de octavo de EGB, y otros tantos en cada una de las cinco clases del curso. Como cada uno tenía sus preferencias deportivas, se sucedían los líos para decidir quiénes ocupaban los campos durante el recreo. Las canastas, las porterías de fútbol y las de balonmano compartían espacio, así que los partidos se convertían en batallas campales, con balones y jugadores de los tres deportes mayoritarios enfrascados en imponer su ley. Tras varios desacuerdos no resueltos ni a golpes (los del baloncesto y los del balonmano se unían contra los futboleros para igualar las fuerzas), los capitanes fueron a contarle el problema al tutor. Este decidió que todos votásemos. Tampoco hubo quórum, pues cada quién barría para su casa, que a veces era su clase y otras su deporte. La siguiente propuesta consistió en escoger a un delegado de cada deporte. Dos votaciones fallidas y vuelta al conflicto. El tutor volvió con otra proposición:
-Elegid a un delegado de deportes.
-¿De todos a la vez? –preguntó uno de mis compañeros, el empollón de la clase.
-Claro. Hablamos de eso: sed deportistas y deportivos.
Como tampoco nos pusimos de acuerdo en quién nos representara, el mismo empollón sugirió:
-Si estos no sirven, pongamos a otros.
Los capitanes se resistían pero al final, quizá pensando en que nadie sería capaz de hacer su papel mejor que ellos, a regañadientes abrieron la puerta a otros candidatos, menos líderes pero más dialogantes. Estos últimos resultaron más simpáticos y ganó el del baloncesto, que era el segundo deporte más practicado, con el apoyo de los balonmanistas. Entre ellos, nuestros nuevos representantes, se pusieron de acuerdo para repartir el uso de los campos en función del número de usuarios. Por supuesto que siguió habiendo problemas, éramos unos críos y nos dominaba el impulso, pero al menos podíamos jugar. Esto sucedió hace muchos años (ya soy cincuentón) y no sé muy bien por qué me ha venido a la memoria, pero incluso sirvió para que algunos cambiásemos de deporte… y acabamos practicándolos todos, hasta mezclando jugadores de las distintas clases. Igual que al principio... pero distinto.  

domingo, 18 de septiembre de 2016

Y VENGA MISCALÁNEAS

Ayer estuve de comida familiar. Excepto los dos sobrinos que viven allende las fronteras, que no los mares, fuimos todos. Después del ágape nos pasamos por San Cebrián de Mazote, el pueblo de mi madre, que acertó a nacer el mismo día de la fiesta en honor al santo, cosa que a mi abuela le chafó el baile. Descubrí que, como los gitanos, todos somos primos, y que algunos de ellos merecen mención (aunque sean segundos), como Emilio, con el que hacía tiempo que no coincidía, desde los tiempos del café Compás, en los que ponía a prueba mi aguante al gintonic con cáscara de limón, incansable él, antes de la moda de la macedonia con ginebra y tónica, aunque supongo que un tío que sigue fumando Ducados seguirá inaccesible a los combinados modernos.
Si conseguimos el patrocinio de la Caixa (otros dos primos tienen la palabra), allí estaremos para San Isidro, con el Cuarteto Muzikanten, en el salón multiusos.



lunes, 15 de agosto de 2016

MÁS MISCELÁNEA OLÍMPICA Y DE LA OTRA.

Cuando era pequeño fui a un concurso de la tele con la orquesta del colegio. Más bien era orquesta de cámara (de los horrores, decían algunos envidiosos). Tengo la grabación en VHS, o mejor, la tiene la esposa de uno de los suplentes, nuestro añorado Diego Criado del Rey, quien a sus inocentes once años le preguntó al maestro García Asensio si Ruperto "Chopí" tenía algún defecto físico, curiosidad infantil y algo morbosa, y se ganó la batuta que daban al público preguntón de "El mundo de la música". A mí no me dejaron preguntar y me quedé sin la batuta firmada por D. Enrique.
Presentaba el programa Angelines Morales, una señora delgada que aquel día llevaba un vestido de leopardo bien ajustado, lo que hoy se llama "animal print". La buena mujer se obcecaba en decir "pareja número A, pareja número B", lo cual desencadenaba el cabreo de mi padre cuando la veíamos por la tele, y aquel día no iba a ser menos, así que lo repitió sin vergüenza. Más tarde supimos que era hermana del productor del concurso, mérito suficiente para estar donde estaba. 
Por lo visto, ese detalle en el curriculum sigue vigente, en vista de que los errores se repiten entre los funcionarios de RTVE, narradores de las gestas deportivas a las que asistimos estos días de Juegos Olímpicos. He aprendido que los naturales de Túnez son "tuneciénez", y los de Bahrein (que suelen haber nacido en el África de color, o sea, negra y bien negra) son "barianís". 

Luego están las perlas lingüísticas, esas que provienen del ingenio ingenioso de quienes no lo tienen pero lo aparentan, tales como:
-Lanzamiento de martillo de hombros, perdón, de hombres. Bastante tienen con enviar el artilugio, que consiste en una bola sujeta con una cadena, con los brazos. Yo, como dice Leo Harlem, prefiero el lanzamiento de disco: me dan uno de OBK y lo saco del estadio.
-Una selección es "primera en primera posición". 
-Un partido de hockey sobre hierba entre Australia y Nueva Zelanda es, según el orador, un duelo regional. De la región de Oceanía, supongo, vasta cual continente.
-La atleta nosequién fue la primera en bajar de las dos horas y cincuenta minutos en la prueba de maratón, e incluso tuvo el récord del mundo (cosa que suele pasar cuando uno es el primero en superar el mejor registro anterior). 
-En el campo de golf a veces se cruzan animales salvajes (no se incluye al espectador mexicano, bandera ondeante entre manos, que cogió la bola de un participante y la soltó como si quemase cuando le advirtió el árbitro de que aún no había terminado el partido). Entre ellos hay búhos, "yaraqués" y "capirabas". 
-"El atleta con nombre de timbre, Bing Dong...". Todos sabemos que los chinos ponen nombre a sus hijos tirando un bote al suelo y, según suene, así lo inscriben.

Sigo albergando dudas, y otras no se instalan porque las resuelvo en el acto mirando un diccionario:
-¿Por qué se llama dorsal al número de un atleta, aunque aparezca por delante y por detrás?


Por último añadiré que no sólo hay guerreros, leones, sino también  gladiadores y "redsticks", que son los y las que practican hockey sobre hierba con la camiseta española, "la roja", que curiosamente no provoca molestias a quienes no votan en rojo. También me alegro. 
Bendita lengua la de los ex-comunitarios por mor del brexit, que no usa obsesivamente femeninos y masculinos, lo cual nos facilita el habla sencilla a los que tratamos de aprender English. (Pese a ello, un periodista pronunció el apellido Cogdell de tropecientas maneras diferentes: Holwell, Codwell, Cowell, Godwell... que no es saber inglés, con saber leer bastaría. Menos mal que excepto a la berciana Valentín no hemos visto a muchos halteras, porque me temo lo peor si llega a aparecer por ahí el persa Mohammadpourkarkaragh...).
Pd.- Sugiero que alguna selección sea denominada "los guerrilleros", que es más propio de hispanos. Ah, que "hispanos" también hay.
Pd2.- Para que los padres de Lobo no se sientan tan peculiares, no tienen más que enchufar la tele, donde encontrarán nombres con más enjundia y más arriesgados: Gay, Semen (y Semenya), Perrupato, Perra, Ao Gao (que encima practica waterpolo), Putalova, Lalova, y Mamona, que es mi favorita, vaya usted a saber por qué. 


viernes, 12 de agosto de 2016

MISCELÁNEA OLÍMPICA

La mayor atracción televisiva para quienes no podemos costearnos tres semanas en el extranjero es la transmisión/retransmisión de los juegos olímpicos. RTVE dedica gran parte de su horario a emitir las pruebas de todas las disciplinas deportivas. Uno descubre deportes que raramente aparecen por la parrilla, como el rugby a siete, que según he leído tiene más de un siglo de historia, o la halterofilia ("arteriofilia", como decía un amigo de mi padre). En mi opinión no todos tienen el mismo mérito. No es igual jugar al fútbol que montar a caballo, porque en el primero sólo necesitas un balón y en el segundo un caballo, que no tienen el mismo precio. Tampoco es lo mismo montar en kayak que en una embarcación a vela. Lo bueno es que todas las medallas nos saben igual desde el sillón, donde nos convertimos en patriotas (a menos que la TV3 se invente, como hizo el sábado cuando un ciclista ganó diploma olímpico, una nacionalidad que aún no existe, tiempo al tiempo), jaleando las pocas victorias que los españoles y sobre todo las españolas obtienen. Me complace comprobar la superioridad de las mujeres de este país sin necesidad de cuotas, que es una forma de demostrar que ni falta que les hace. Quizá sería demasiado riesgo para los machos competir contra ellas en deportes en los que la superioridad física no es determinante, como el tiro con arco, pistola, carabina o al plato. 

Hace unos años se puso en boga llamar preseas a las medallas de toda la vida. Supongo que algún periodista encontró la palabra perdida y le dio vidilla. En esta ocasión hay menos preseas y más medallas, por mor de la moda. Confío y espero que lo de "en plan" desaparezca cuanto antes.

Norafricana (como acaba de decir la cronista de natación) no es igual que afroamericana, ese bonito eufemismo para definir sin ofender a la nadadora negra de EEUU que ha ganado la medalla de oro en cien metros libres, o lisos como he oído antes de frotarme las orejas (sólo faltaba que pusieran vallas en la piscina). Gracias a los negros, perdón, atletas de color, los americanos (otra duda que me asalta, ¿por qué los naturales de EEUU se hacen llamar americanos, como si el resto de naciones del continente no existieran?) se llevan docenas de medallas en atletismo, baloncesto y boxeo, por ejemplo. Para eso no les estorban, supongo.

Tampoco vale o cuesta tanto una medalla si la gana alguien que tiene un sueldo de varios millones de euros como si es quien alterna sus entrenamientos con un trabajo en la policía nacional. Renaldo Neemiah, ex-recordman mundial de 110 metros vallas, se pasó al fútbol americano y comprobó que algunos de sus compañeros corrían más que él, pero es normal, porque los atletas ganan menos que los futbolistas y por eso con frecuencia practican atletismo en EEUU los que no pueden acceder a deportes con mayor atractivo pecuniario. 

Otra curiosidad del deporte patrio es la obsesión por ponerle un segundo nombre a los practicantes (no a los de las inyecciones, que son ATS). Por ejemplo, son leones (y leonas) los/las del rugby; gladiadores (y gladiadoras) si juegan al balonmano; y por encima de todo ello, ostentan orgullosos una camiseta que no es la española, sino "la roja" (bonita herencia nos dejó Luis Aragonés). (Me disculpo por la reiteración en el cambio de género, pero a estas alturas uno no sabe cómo hacerlo sin que le llamen facha o machista). Hace años se oía con frecuencia lo de ondinas, que sonaba a sirena, pero no sé si ondinos es correcto para referirse a nadadores varones, aunque estaría gracioso.

Más peculiaridades: por lo visto, las federaciones respectivas deciden la indumentaria, salvo excepciones con las que no osan meterse (cosas de la religión): las chicas de voley-playa llevan una braguita que atrae y distrae a partes desiguales. Las del voley sin playa, pantaloncitos cortos y traviesos. Las waterpolistas, trajes de baño con menos tela de la necesaria para tapar las partes pudendas en caso de juego sucio y subacuático (para que luego digan que el agua es limpia). Si yo fuera mujer y deportista, lo cual es imposible, me declararía en huelga. El que quiera ver carne o pescado, que se vaya al mercado. 

Me ha salido un "totum revolutum", pero eso son los juegos olímpicos...


miércoles, 3 de agosto de 2016

LA INSÓLITA... "AZAÑA"...

El verano es tiempo de holganza, tanta como para permanecer callado en este blog durante semanas, a falta de excusa para escribir algo que merezca la pena, si es que lo anteriormente publicado la merece. Uno se deja llevar por la calorina, el sopor y el dolce far niente, y pasan los días sin nada reseñable. Estoy de vacaciones.

Después de comer pongo la tele, que suele ejercer de acelerador del sueño, pero el documental de La 2, sobre delfines y más fauna marina en la costa de Carolina del Sur, me tiene cautivado por la belleza de las imágenes. Siempre me ha parecido que, como dice mi madre, uno se ahorra mucho dinero (sobre todo el que no se tiene) viajando por el segundo canal de RTVE, ese que llamábamos el UHF cuando sólo existían dos. Recuerdo que en mi casa había un aparato que servía para sintonizarla al llegar del colegio, porque transmitían (hoy se dice "retransmitir", quizá por la costumbre o más bien manía de repetir cada programa en las emisoras subsidiarias hasta el aburrimiento) dibujos animados, los de Hanna Barbera y unos más raros que acababan con Koniec en lugar de The end.  

Estoy disfrutando de la emisión... hasta que reparo en el título que aparece en la esquina superior derecha, que anuncia la película "La insólita y gloriosa "azaña" del cipote de Archidona", basada en una bagatela de Cela, una de esas chorradas que D. Camilo, el de las pochas, nos regalaba de vez en cuando con impecable estilo, probablemente escritas cuando, como yo, no tenía nada interesante que contar, con la diferencia de que su fama le aseguraba la publicación y beneficios subsiguientes. 

Antes de sentarme a escribir este texto me he tomado la molestia de enviar un correo a RTVE para avisarles del error, que han subsanado inmediatamente, aunque supongo que no sería mi carta la única que han recibido sobre la cuestión. 

Menos mal que La 2 es la cadena cultural...


domingo, 12 de junio de 2016

UN RELATO GOLFERO, CHAPTER TWO

No estaba como para denegar su ayuda, así que me puse en sus manos. 
-Claro. Peor no puedo hacerlo.
-Siempre se puede -respondió con una risita.
Acto seguido, se colocó tras de mí y fue corrigiendo despacio todos mis defectos de posición. Pegó su cuerpo al mío, primero por la espalda, y después delante de mí.
-Fija la pose, aunque no haya fotógrafos -fue su consejo. -Y, sobre todo, no muevas más que los brazos hasta el golpeo. Luego termina el swing para acompañarlo.
Dos o tres sugerencias eran muchas más de las que era capaz de memorizar, pero me esforcé tanto que mi salida del tee resultó, como poco, correcta para un principiante. La bola alcanzó el antegreen, salvando el búnker con un bote afortunado. 
-Ya ha pasado lo peor, -dijo.
Caminamos en paralelo, ella con su carrito y yo con mis cuatro palos de la mano. Llegados a dos metros de mi bola, se detuvo e hice lo propio.
-¿Qué ves?
-Veo... que me vas a ganar.
-Yo veo que tienes una actitud de perdedor. ¿Siempre eres así?
Me callé la respuesta por no darle la razón. Miró su bolsa, sacó el pitching wedge y ensayó un aproach. Luego me ofreció el palo.
-¿Hay alguna norma que no hayamos infringido?
-La de la vestimenta, para empezar. Estamos de foto -contestó sin aguantar la risa. -Se nota que estás atento a la moda-. 
Volvió a pegarse a mí por la espalda, para ensayar el golpe. 
-¿Quieres relajarte?
No podía, con su cuerpo tan junto al mío. Notaba sus pechos, sus rodillas en mis corvas y la respiración controlada. Tenía una sensación extraña, entre la excitación y la sorpresa.
-¿Me has mirado bien?
Vaya que sí, mucho más de lo que tuviera que ver con el golf.
-Sí, chef.
-Pues apunta y dispara.
De algún recóndito rincón de mi memoria, de las noches viendo partidos de la PGA y el Masters, salió el Ballesteros genial. Ella no pudo ver cuándo cerré los ojos, pero la bola se quedó a  pocos centímetros del hoyo tras botar un par de veces. Si no me lo creía, ella menos. Noté en su cara que estaba contrariada. El alumno superando al maestro era algo con lo que no contaba. Se puso tensa y la sombra de la derrota no sólo planeó, sino aterrizó en ella. Su caminar hacia la bola se tornó inseguro.
-¿No me estarás tomando el pelo?
-Sólo ha sido un golpe de suerte.
Cogió el putter, ensayó el golpe y corrigió varias veces el ángulo de ataque. Se agachó, posó el palo en vertical y supongo que hizo varios cálculos mentales antes de decidirse a golpear la bola. Se irguió lentamente sin apartar la vista del hoyo, respiró hondo y... clic.
La bola recorrió el espacio hasta el agujero, dio dos vueltas en el filo y salió escupida, como escupió Marta una sarta de improperios en voz baja, pero menos baja de lo deseable. Midió la distancia al hoyo de ambas bolas y la mía estaba más alejada por apenas un par de centímetros.
-Te toca.
Firmar un empate con ella era una victoria. Hacer un par tres en tres era una gesta. Unos minutos antes Marta pensaría en el birdie y yo en el bogey, pero estábamos en una situación inesperada y para ella desesperada. En silencio volvió a ponerse a mis espaldas. Cogió mi putter, practicó el golpe y repitió el proceso de los anteriores, ayudándome a ajustar mi posición. Tenía claro que algo había cambiado. Peor aún: estaba intentando que fallase. 
-¿Qué handicap tienes? -preguntó, como dejándolo caer.
-Los tengo todos. Y en golf, aun no me lo han adjudicado, pero suponga que el máximo... o más. 
El aprendiz tenía la oportunidad de empatar un hoyo, un triste agujero a una amateur o profesional. Otro warholiano momento de gloria para mí. 
Ensayé mi golpe, que era ganador pese al empate si ella, como parecía previsible, embocaba. Había demasiada caída, aunque decidí no modificar la posición que la maestra había sugerido. Y fallé. Tres golpes, un bogey como poco si embocaba en el siguiente, y Marta tenía la posibilidad de meterla en tres. La dejé preparar su asalto a la gloria, y cuando estaba a punto de golpear la detuve.
-Te concedo el hoyo. No sé si es reglamentario, pero lo he visto en la tele.
-¿Me estás dando ventaja?
-Supongo que estoy dando por hecho lo inevitable. Hasta yo podría meterla.
-Prefiero no quedarme con la duda.
Y falló.