lunes, 15 de agosto de 2016

MÁS MISCELÁNEA OLÍMPICA Y DE LA OTRA.

Cuando era pequeño fui a un concurso de la tele con la orquesta del colegio. Más bien era orquesta de cámara (de los horrores, decían algunos envidiosos). Tengo la grabación en VHS, o mejor, la tiene la esposa de uno de los suplentes, nuestro añorado Diego Criado del Rey, quien a sus inocentes once años le preguntó al maestro García Asensio si Ruperto "Chopí" tenía algún defecto físico, curiosidad infantil y algo morbosa, y se ganó la batuta que daban al público preguntón de "El mundo de la música". A mí no me dejaron preguntar y me quedé sin la batuta firmada por D. Enrique.
Presentaba el programa Angelines Morales, una señora delgada que aquel día llevaba un vestido de leopardo bien ajustado, lo que hoy se llama "animal print". La buena mujer se obcecaba en decir "pareja número A, pareja número B", lo cual desencadenaba el cabreo de mi padre cuando la veíamos por la tele, y aquel día no iba a ser menos, así que lo repitió sin vergüenza. Más tarde supimos que era hermana del productor del concurso, mérito suficiente para estar donde estaba. 
Por lo visto, ese detalle en el curriculum sigue vigente, en vista de que los errores se repiten entre los funcionarios de RTVE, narradores de las gestas deportivas a las que asistimos estos días de Juegos Olímpicos. He aprendido que los naturales de Túnez son "tuneciénez", y los de Bahrein (que suelen haber nacido en el África de color, o sea, negra y bien negra) son "barianís". 

Luego están las perlas lingüísticas, esas que provienen del ingenio ingenioso de quienes no lo tienen pero lo aparentan, tales como:
-Lanzamiento de martillo de hombros, perdón, de hombres. Bastante tienen con enviar el artilugio, que consiste en una bola sujeta con una cadena, con los brazos. Yo, como dice Leo Harlem, prefiero el lanzamiento de disco: me dan uno de OBK y lo saco del estadio.
-Una selección es "primera en primera posición". 
-Un partido de hockey sobre hierba entre Australia y Nueva Zelanda es, según el orador, un duelo regional. De la región de Oceanía, supongo, vasta cual continente.
-La atleta nosequién fue la primera en bajar de las dos horas y cincuenta minutos en la prueba de maratón, e incluso tuvo el récord del mundo (cosa que suele pasar cuando uno es el primero en superar el mejor registro anterior). 
-En el campo de golf a veces se cruzan animales salvajes (no se incluye al espectador mexicano, bandera ondeante entre manos, que cogió la bola de un participante y la soltó como si quemase cuando le advirtió el árbitro de que aún no había terminado el partido). Entre ellos hay búhos, "yaraqués" y "capirabas". 
-"El atleta con nombre de timbre, Bing Dong...". Todos sabemos que los chinos ponen nombre a sus hijos tirando un bote al suelo y, según suene, así lo inscriben.

Sigo albergando dudas, y otras no se instalan porque las resuelvo en el acto mirando un diccionario:
-¿Por qué se llama dorsal al número de un atleta, aunque aparezca por delante y por detrás?


Por último añadiré que no sólo hay guerreros, leones, sino también  gladiadores y "redsticks", que son los y las que practican hockey sobre hierba con la camiseta española, "la roja", que curiosamente no provoca molestias a quienes no votan en rojo. También me alegro. 
Bendita lengua la de los ex-comunitarios por mor del brexit, que no usa obsesivamente femeninos y masculinos, lo cual nos facilita el habla sencilla a los que tratamos de aprender English. (Pese a ello, un periodista pronunció el apellido Cogdell de tropecientas maneras diferentes: Holwell, Codwell, Cowell, Godwell... que no es saber inglés, con saber leer bastaría. Menos mal que excepto a la berciana Valentín no hemos visto a muchos halteras, porque me temo lo peor si llega a aparecer por ahí el persa Mohammadpourkarkaragh...).
Pd.- Sugiero que alguna selección sea denominada "los guerrilleros", que es más propio de hispanos. Ah, que "hispanos" también hay.
Pd2.- Para que los padres de Lobo no se sientan tan peculiares, no tienen más que enchufar la tele, donde encontrarán nombres con más enjundia y más arriesgados: Gay, Semen (y Semenya), Perrupato, Perra, Ao Gao (que encima practica waterpolo), Putalova, Lalova, y Mamona, que es mi favorita, vaya usted a saber por qué. 


viernes, 12 de agosto de 2016

MISCELÁNEA OLÍMPICA

La mayor atracción televisiva para quienes no podemos costearnos tres semanas en el extranjero es la transmisión/retransmisión de los juegos olímpicos. RTVE dedica gran parte de su horario a emitir las pruebas de todas las disciplinas deportivas. Uno descubre deportes que raramente aparecen por la parrilla, como el rugby a siete, que según he leído tiene más de un siglo de historia, o la halterofilia ("arteriofilia", como decía un amigo de mi padre). En mi opinión no todos tienen el mismo mérito. No es igual jugar al fútbol que montar a caballo, porque en el primero sólo necesitas un balón y en el segundo un caballo, que no tienen el mismo precio. Tampoco es lo mismo montar en kayak que en una embarcación a vela. Lo bueno es que todas las medallas nos saben igual desde el sillón, donde nos convertimos en patriotas (a menos que la TV3 se invente, como hizo el sábado cuando un ciclista ganó diploma olímpico, una nacionalidad que aún no existe, tiempo al tiempo), jaleando las pocas victorias que los españoles y sobre todo las españolas obtienen. Me complace comprobar la superioridad de las mujeres de este país sin necesidad de cuotas, que es una forma de demostrar que ni falta que les hace. Quizá sería demasiado riesgo para los machos competir contra ellas en deportes en los que la superioridad física no es determinante, como el tiro con arco, pistola, carabina o al plato. 

Hace unos años se puso en boga llamar preseas a las medallas de toda la vida. Supongo que algún periodista encontró la palabra perdida y le dio vidilla. En esta ocasión hay menos preseas y más medallas, por mor de la moda. Confío y espero que lo de "en plan" desaparezca cuanto antes.

Norafricana (como acaba de decir la cronista de natación) no es igual que afroamericana, ese bonito eufemismo para definir sin ofender a la nadadora negra de EEUU que ha ganado la medalla de oro en cien metros libres, o lisos como he oído antes de frotarme las orejas (sólo faltaba que pusieran vallas en la piscina). Gracias a los negros, perdón, atletas de color, los americanos (otra duda que me asalta, ¿por qué los naturales de EEUU se hacen llamar americanos, como si el resto de naciones del continente no existieran?) se llevan docenas de medallas en atletismo, baloncesto y boxeo, por ejemplo. Para eso no les estorban, supongo.

Tampoco vale o cuesta tanto una medalla si la gana alguien que tiene un sueldo de varios millones de euros como si es quien alterna sus entrenamientos con un trabajo en la policía nacional. Renaldo Neemiah, ex-recordman mundial de 110 metros vallas, se pasó al fútbol americano y comprobó que algunos de sus compañeros corrían más que él, pero es normal, porque los atletas ganan menos que los futbolistas y por eso con frecuencia practican atletismo en EEUU los que no pueden acceder a deportes con mayor atractivo pecuniario. 

Otra curiosidad del deporte patrio es la obsesión por ponerle un segundo nombre a los practicantes (no a los de las inyecciones, que son ATS). Por ejemplo, son leones (y leonas) los/las del rugby; gladiadores (y gladiadoras) si juegan al balonmano; y por encima de todo ello, ostentan orgullosos una camiseta que no es la española, sino "la roja" (bonita herencia nos dejó Luis Aragonés). (Me disculpo por la reiteración en el cambio de género, pero a estas alturas uno no sabe cómo hacerlo sin que le llamen facha o machista). Hace años se oía con frecuencia lo de ondinas, que sonaba a sirena, pero no sé si ondinos es correcto para referirse a nadadores varones, aunque estaría gracioso.

Más peculiaridades: por lo visto, las federaciones respectivas deciden la indumentaria, salvo excepciones con las que no osan meterse (cosas de la religión): las chicas de voley-playa llevan una braguita que atrae y distrae a partes desiguales. Las del voley sin playa, pantaloncitos cortos y traviesos. Las waterpolistas, trajes de baño con menos tela de la necesaria para tapar las partes pudendas en caso de juego sucio y subacuático (para que luego digan que el agua es limpia). Si yo fuera mujer y deportista, lo cual es imposible, me declararía en huelga. El que quiera ver carne o pescado, que se vaya al mercado. 

Me ha salido un "totum revolutum", pero eso son los juegos olímpicos...


miércoles, 3 de agosto de 2016

LA INSÓLITA... "AZAÑA"...

El verano es tiempo de holganza, tanta como para permanecer callado en este blog durante semanas, a falta de excusa para escribir algo que merezca la pena, si es que lo anteriormente publicado la merece. Uno se deja llevar por la calorina, el sopor y el dolce far niente, y pasan los días sin nada reseñable. Estoy de vacaciones.

Después de comer pongo la tele, que suele ejercer de acelerador del sueño, pero el documental de La 2, sobre delfines y más fauna marina en la costa de Carolina del Sur, me tiene cautivado por la belleza de las imágenes. Siempre me ha parecido que, como dice mi madre, uno se ahorra mucho dinero (sobre todo el que no se tiene) viajando por el segundo canal de RTVE, ese que llamábamos el UHF cuando sólo existían dos. Recuerdo que en mi casa había un aparato que servía para sintonizarla al llegar del colegio, porque transmitían (hoy se dice "retransmitir", quizá por la costumbre o más bien manía de repetir cada programa en las emisoras subsidiarias hasta el aburrimiento) dibujos animados, los de Hanna Barbera y unos más raros que acababan con Koniec en lugar de The end.  

Estoy disfrutando de la emisión... hasta que reparo en el título que aparece en la esquina superior derecha, que anuncia la película "La insólita y gloriosa "azaña" del cipote de Archidona", basada en una bagatela de Cela, una de esas chorradas que D. Camilo, el de las pochas, nos regalaba de vez en cuando con impecable estilo, probablemente escritas cuando, como yo, no tenía nada interesante que contar, con la diferencia de que su fama le aseguraba la publicación y beneficios subsiguientes. 

Antes de sentarme a escribir este texto me he tomado la molestia de enviar un correo a RTVE para avisarles del error, que han subsanado inmediatamente, aunque supongo que no sería mi carta la única que han recibido sobre la cuestión. 

Menos mal que La 2 es la cadena cultural...


domingo, 12 de junio de 2016

UN RELATO GOLFERO, CHAPTER TWO

No estaba como para denegar su ayuda, así que me puse en sus manos. 
-Claro. Peor no puedo hacerlo.
-Siempre se puede -respondió con una risita.
Acto seguido, se colocó tras de mí y fue corrigiendo despacio todos mis defectos de posición. Pegó su cuerpo al mío, primero por la espalda, y después delante de mí.
-Fija la pose, aunque no haya fotógrafos -fue su consejo. -Y, sobre todo, no muevas más que los brazos hasta el golpeo. Luego termina el swing para acompañarlo.
Dos o tres sugerencias eran muchas más de las que era capaz de memorizar, pero me esforcé tanto que mi salida del tee resultó, como poco, correcta para un principiante. La bola alcanzó el antegreen, salvando el búnker con un bote afortunado. 
-Ya ha pasado lo peor, -dijo.
Caminamos en paralelo, ella con su carrito y yo con mis cuatro palos de la mano. Llegados a dos metros de mi bola, se detuvo e hice lo propio.
-¿Qué ves?
-Veo... que me vas a ganar.
-Yo veo que tienes una actitud de perdedor. ¿Siempre eres así?
Me callé la respuesta por no darle la razón. Miró su bolsa, sacó el pitching wedge y ensayó un aproach. Luego me ofreció el palo.
-¿Hay alguna norma que no hayamos infringido?
-La de la vestimenta, para empezar. Estamos de foto -contestó sin aguantar la risa. -Se nota que estás atento a la moda-. 
Volvió a pegarse a mí por la espalda, para ensayar el golpe. 
-¿Quieres relajarte?
No podía, con su cuerpo tan junto al mío. Notaba sus pechos, sus rodillas en mis corvas y la respiración controlada. Tenía una sensación extraña, entre la excitación y la sorpresa.
-¿Me has mirado bien?
Vaya que sí, mucho más de lo que tuviera que ver con el golf.
-Sí, chef.
-Pues apunta y dispara.
De algún recóndito rincón de mi memoria, de las noches viendo partidos de la PGA y el Masters, salió el Ballesteros genial. Ella no pudo ver cuándo cerré los ojos, pero la bola se quedó a  pocos centímetros del hoyo tras botar un par de veces. Si no me lo creía, ella menos. Noté en su cara que estaba contrariada. El alumno superando al maestro era algo con lo que no contaba. Se puso tensa y la sombra de la derrota no sólo planeó, sino aterrizó en ella. Su caminar hacia la bola se tornó inseguro.
-¿No me estarás tomando el pelo?
-Sólo ha sido un golpe de suerte.
Cogió el putter, ensayó el golpe y corrigió varias veces el ángulo de ataque. Se agachó, posó el palo en vertical y supongo que hizo varios cálculos mentales antes de decidirse a golpear la bola. Se irguió lentamente sin apartar la vista del hoyo, respiró hondo y... clic.
La bola recorrió el espacio hasta el agujero, dio dos vueltas en el filo y salió escupida, como escupió Marta una sarta de improperios en voz baja, pero menos baja de lo deseable. Midió la distancia al hoyo de ambas bolas y la mía estaba más alejada por apenas un par de centímetros.
-Te toca.
Firmar un empate con ella era una victoria. Hacer un par tres en tres era una gesta. Unos minutos antes Marta pensaría en el birdie y yo en el bogey, pero estábamos en una situación inesperada y para ella desesperada. En silencio volvió a ponerse a mis espaldas. Cogió mi putter, practicó el golpe y repitió el proceso de los anteriores, ayudándome a ajustar mi posición. Tenía claro que algo había cambiado. Peor aún: estaba intentando que fallase. 
-¿Qué handicap tienes? -preguntó, como dejándolo caer.
-Los tengo todos. Y en golf, aun no me lo han adjudicado, pero suponga que el máximo... o más. 
El aprendiz tenía la oportunidad de empatar un hoyo, un triste agujero a una amateur o profesional. Otro warholiano momento de gloria para mí. 
Ensayé mi golpe, que era ganador pese al empate si ella, como parecía previsible, embocaba. Había demasiada caída, aunque decidí no modificar la posición que la maestra había sugerido. Y fallé. Tres golpes, un bogey como poco si embocaba en el siguiente, y Marta tenía la posibilidad de meterla en tres. La dejé preparar su asalto a la gloria, y cuando estaba a punto de golpear la detuve.
-Te concedo el hoyo. No sé si es reglamentario, pero lo he visto en la tele.
-¿Me estás dando ventaja?
-Supongo que estoy dando por hecho lo inevitable. Hasta yo podría meterla.
-Prefiero no quedarme con la duda.
Y falló.







domingo, 15 de mayo de 2016

UN RELATO GOLFERO, CHAPTER ONE.

Desde ayer tengo un nuevo grupo de amigos sacados de la red, concretamente de la web encestando.es, dedicada al baloncesto. El ambiente suele ser distendido y educado, con las diferencias de criterio propias del deporte, sus aficionados y en ocasiones forofos. Al hilo de una noticia que no daba para más (trescientos comentarios ya habían exprimido nuestra opinión sobre la posible marcha de Willy Hernangómez a la NBA), se me ocurrió colar una historieta de tiempos de Maricastaña, y eso hizo animarse a otros comentaristas, e incluso solicitar más relatos. Por ese motivo incluí, de forma un poco osada y sin pedir permiso, la dirección de este blog que tengo algo abandonado por diversas razones, entre ellas mi estado físico actual que me mantiene en reposo y encamado, aparte de empastillado y somnoliento para paliar los dolores de mi  nervio ciático, que está de los nervios. 
Como duermo poco, mi cabeza vaga por el éter del insomnio inventando historias o recordando otras. Aquí viene el objeto que he cazado esta noche entre almohadas térmicas y convencionales, cápsulas, inyecciones y comprimidos, por lo que puede que aparezca algo deforme, como uno de esos sueños febriles, aunque no tanto como el "de la razón que produce monstruos".

Durante una breve época traté de saltar la barrera entre ver y jugar, cautivado por la magia del golf y su plasticidad. Aparte de mi admiración por algunas costumbres "british", incluido el propio idioma, que hablo con cierta dignidad -para ser español-, me parecía ideal como deporte: no hay que correr; apto para todas las edades; nada  bullicioso y se practica en el campo, aunque sea un campo de mentira. 
Asistí a un curso intensivo de dieciséis horas, y aunque empecé como alumno avanzado en lo teórico por mi afición como espectador, desde el primer día me coloqué a cola del pelotón formado por cuatro cursillistas. Saber qué significa putt, drive, green y rough no simplifica el uso de los palos. De hecho, la palabra que acabas pronunciando con más frecuencia es bunker, cuando no un discreto "shit", por no perder la lengua materna del golf. 
Superada por los pelos la fase iniciática, esa que consiste no sólo en aprender las normas de cortesía, la vestimenta y las reglas, sino en repetir movimientos sin fin, salimos al campo por primera vez, con el profesor atento a nuestras evoluciones. Aquello fue una escena de los hermanos Marx, con cuatro hombres medio muertos de risa. Tardamos más de tres cuartos de hora en embocar nuestras respectivas bolas en un par tres, de menos de doscientos metros en línea recta de tie a hole, sin apenas obstáculos. Vamos, como una bolera.
Resignado a ser último, cosa que no me molesta por mi poco espíritu competitivo, me puse a hacer fotos y vídeos para ayudar a pulir los defectos de mis compañeros, puesto que los míos no podrían pulirse ni con diamante en polvo. Además me dolía un pie que se cruzó entre la bola y el hierro siete en pleno "aproach" que se convirtió en simple "ouch".
Aquella tarde salí decidido a terminar el cursillo, con dignidad pero cuanto antes. Llevar polo de granito y gorra de marca durante unas horas no compensaba mis desvelos.
En los partidos posteriores, aunque siempre lejos del par, comprobé que la cosa me iba gustando a ratos, pese a que yo parecía jugar con bolas anfibias y me tocaba dropar y penalizar cada vez que jugábamos los hoyos cercanos a esa charca que se hace llamar lago. Pero el gusanillo iba entrando, y acabó por hacerlo el último día de curso, con un inesperado suceso cuando me descolgué de mi partido y, saltándome la normativa, me vi en otro mucho más adecuado y didáctico.
(Continuará)


Pd.- Respecto al deporte y el juego, leí una frase del gran Clifford Luyk, hablando de que era un español más y demostrándolo. 
-¿Juega usted al mus, Clifford?
-Pues sí, soy español.
-Y ¿qué tal juega?
-Imagine: ¡aún no sé si tengo mal perder!


domingo, 17 de abril de 2016

RUGBY: LA FINAL PUCELANA DE LA COPA

Me perdí el partido por vago. Lo fui dejando "para mañana". Nadie pensaba que habría tantos aficionados al rugby, la verdad, y me quedé sin entrada. 
Es de los pocos deportes que no he practicado, más por miedo a que me rompieran, para lo que no necesitaba ayuda, que por otra cosa. En mi colegio, el Sanjo, había un equipo que en 1986 se fusionó con El Salvador, pero no me sentí con fuerzas ni de probarlo, por si las moscas.
Unos días antes del partido releí con calma las reglas, no del deporte en sí, sino de los asistentes, publicadas en la prensa. Bien sabían "Chamizos" y "Queseros" la que se les venía encima. Organizar y celebrar un partido de rugby en el estadio de fútbol tiene sus contras: futboleros y rugbiers no son la misma especie y había que advertirlo. Lo que vale para unos no sirve para otros. 
Viendo el partido me di cuenta de que el mensaje había calado. 
1.- El árbitro no es un muñeco de pim-pam-pum sino un juez respetable y respetuoso (aunque el de hoy les llamaba de tú, algo heterodoxo, quizá por mor de su juventud). Además se oye lo que dice el árbitro cuando sanciona o explica algo.
2.- Lo que hace mal uno lo pagan todos (¿protestas? pues sanción para el equipo).
2.- Las aficiones se mezclan y no pasa nada.
3.- Lo que en el fútbol es agresión, en el rugby es parte del juego.
4.- El vencedor hace pasillo al perdedor, y después al contrario (¡y hasta se felicitan!)
5.- Hay un tercer tiempo, en el que comparten las cañas (no sé quién paga, si el perdedor por cagarla o el vencedor por ser generoso).

Puestos a ser puntillosos, algo he echado de menos en un deporte tan bien reglado como el rugby, tan protocolario, tan elegante y caballeroso, tan ejemplar, tan inglés (que no siempre es sinónimo de ejemplo). Cuando Su Majestad, el Rey Felipe VI, que ha acudido tras la insistencia del alcalde, les ha entregado los trofeos, no he observado una señal de respeto hacia el monarca. El protocolo aconseja, que no exige, una inclinación de cabeza, no digo una genuflexión. No creo que sea cuestión de ideología: había de un lado y del otro, y creo que abundaban los monárquicos, por lo que conozco a algunos jugadores. Ese detalle, nimio quizá, se les olvidó.  
Es el único "pero". Por lo demás, "chapeau". 
Habrá que pensar quién merece el estadio, si el Real Valladolid o el VRAC y El Salvador. Enhorabuena a los dos últimos.

Pd.- Al menos dejarán de llamarnos "Fachadolid". No es poco logro.

sábado, 30 de enero de 2016

BLACK, ARABIA Y QUINTO MILENIO

Por desgracia no hemos descubierto el elixir de la eterna juventud. Tampoco podemos prever los accidentes (hoy mismo he presenciado uno a pocos metros de mi casa) que tiran por tierra los mejores análisis de sangre y orina.
Black era un cantante del que nos quedó "Wonderful world", un tema sencillo y pegadizo que acompañó tardes y noches de quienes salíamos allá por finales de los ochenta. Después de su efímero éxito con pseudónimo, continuó su carrera como Colin Vearncombe, su verdadero nombre, mucho más bonito pero por lo visto menos comercial, lo cual suele ser sinónimo de mejor. También pintaba, como tantos otros que, de no haber sido antes músicos o escritores, habrían pasado a la posteridad como pintores, tales como Alberti, las hermanas Brontë, John Berger, D.H. Lawrence, Poe, Mérimée y un etcétera de egoístas que atesoraron de forma nada democrática habilidades artísticas.

Alejandro Sanz (para gustos pintan colores,  perdón por el cambio de tercio) decía hace poco que compuso una docena de canciones para una chica, Arabia, una belleza con voz agradable, pero que alguien le aconsejó que las grabara él mismo, en un momento de su carrera en el que aún no había dado el salto vital. La cosa es que vendió un millón de ejemplares del disco "Más". La pobre Arabia, María Antonia Alarcón, más conocida como la Macarena del culebrón venezolano "La loba herida" se estará aún tirando de los pelos. 

Conocí a Arabia, Antoñita Mari, como la llamaba su abuela, un verano en Fuengirola. Guapísima, simpática, y muy artista. Cantaba pop o flamenco, según la hora, porque tocaba todos los palos con desparpajo. Quería hacer los Madrides, (las Américas de andar por casa) y los hizo. Tuvo su momento de gloria como cantante, actriz y presentadora. Luego desapareció. 
Una noche la vi en Telemadrid, presentando un programa de variedades. Yo, que soy un poco Antoñito el fantástico, compuse una canción para ella y escribí una carta en la que le recordaba nuestro breve encuentro, nuestras charlas musicales, y la envié a Telemadrid. Como no existía internet ni forma de conocer su paradero puse el nombre del programa y "a la atención de Arabia". 
Años más tarde, en mi casillero apareció aquella carta... como devuelta, con matasellos en caracteres árabes. Por lo visto, había dado más vueltas que Elcano. 

Hablando del mundo, cuando escribo algo para este blog, antes de publicarlo, echo un vistazo a las estadísticas y descubro varias cosas que rondan el misterio. No logro explicarme de dónde salen tantas visitas desde la India y desde Nepal, donde mi amigo Tula bastante tiene con sobrevivir a la violencia geológica que hace meses se desató, aunque también hace mucho que no dan nada por la tele, como si sólo mereciera portada el primer terremoto y ninguno de los siguientes que aún no han cesado. Será que en Nepal no hay petróleo  ni diamantes, que se sepa. Tampoco me explico las de Alaska, donde no conozco a nadie, ni las de México.  También debo de tener seguidores en países del Báltico y alrededores. En Vietnam tengo un conocido, que no justifica el seguimiento que sugiere el mapa. En Arabia nadie me lee.
Otra cosa que tampoco entiendo es por qué ni cómo he pasado de la cifra de 35 seguidores a 28 en apenas dos semanas.
Menos aún alcanzo a comprender por qué he pasado de una media de 20 visitas a más de 200 en días sueltos, e incluso 800 un par de veces, y vuelta a las veinte. Reconozco que mis escasos conocimientos de estadística no dan para más.
A cualquiera que publique algo le gusta que lo lean. Hay quien dice que sólo le interesa la calidad de sus lectores, y se conforma con dos pero excelentes. Para eso, pienso, no hace falta más que el correo.