sábado, 15 de abril de 2017

SEMANA SANTA, BARBERÍA, CUARTETO DE BARBERÍA -¿CÓMO NO?, MÁS MISCELÁNEAS-.


Toño y yo nos conocemos desde que era Toñín -para muchos lo seguirá siendo, porque a sus cincuenta años no va a crecer, ni falta que hace-. Como la vida, aunque parezca en línea recta, va y viene, se encarga de traernos de vuelta a los que dejamos como amigos a medio hacer por mor de los cambios caprichosos del destino. 
Toño es peluquero por gracia familiar, y músico por otra gracia que le adorna más. Heredó de su abuelo un local que ha ido desplazando como si se tratara de un estanco. La que no ha desplazado es su alma de músico. 

Mi abuelo Serafín también fue barbero del pueblo, más por ganarse el sustento o completar sus otras actividades lucrativas -diez bocas que alimentar- que por vocación. Tenía una estancia a la entrada de la casa en la que mis hermanos, primos y yo jugábamos a ser peluqueros de salón, con útiles profesionales que hemos heredado, pero sin dar apenas un tijeretazo, puro mimo. Sus métodos rurales, el cazo o tazón, nos resultaban espantosos, algo que las modas, que también van y vienen, se encargan de poner en entredicho. Hoy se le llamaría "vintage". 

Una tarde de sábado aparecimos en San Cebrián para visitar a mis abuelos. Serafín, después de desbrozar a un pastor con barba de una semana -aquellas barbas agrestes tirando a salvajes- se empeñó en afeitar a mi padre, capitalino de piel finísima y alérgico al "Abrótano macho". No recuerdo si además le cortó el pelo con su método poco ortodoxo de maquinilla y peine, alejado del elegante corte a tijera que se llevaba como paradigma de la elegancia. Lo que mi padre rememoraba con frecuencia era el sonido, chasquido de la navaja, sus lágrimas contenidas, y la posterior rechifla de sus compañeros de trabajo al verlo el lunes con las marcas de la degollina. 

A partir de entonces, cuando mi abuelo insistía en retocarnos, -un pelo mal cortado es y sigue siendo un pelo mal cortado, diga lo que diga la tendencia-, a mis hermanas, mi padre, mi hermano o a mí, Cipri, mamá gallina, intervenía con firmeza pero sin ofensa, una virtud nada política. Serafín, visionario del "sota, caballo y rey" que nunca dejó de estar vigente, aunque hoy no se le reconozca, cabeceaba desencantado pero claudicaba y "a otra cosa, mariposa", como bajar el jamón del "sobrao" -no un tío relisto, sino la postmoderna (me parto) buhardilla- con el clarete casero, "sin química", o acompañarnos a coger huevos recién puestos para que Felisa, mi abuela, los convirtiera en tortilla o fritos, sobre sus preciosos y rurales platos de porcelana con borde azul y la radio Philips con "simplemente María" o "Lucecita". A la caída de la tarde regresábamos a casa con la panza y el espíritu llenos y la cabellera intacta.
Toño, Toñín, viene a ser heredero de su abuelo o del mío y su método clásico va y viene, ora a la moda, ora a lo vintage que sigue siendo más moda. Como nuestra amistad, que pervive. 



Y Alfonso Gato, o sólo Gato, también va y viene, pero merece capítulo aparte, aunque ya esté presente sin saberlo en este, por compañero y amigo de infancia y otras confidencias que quedan por mencionar, censura aparte.

domingo, 2 de abril de 2017

¿PANEUROPEO? SÍ, PERO DENTRO DE UN ORDEN.

Ahora que nos estamos jugando los cuartos en Europa por el "brexit", nada nuevo bajo el sol, unos que quieren entrar y otros salir aun estando dentro, si bien nunca lo estuvieron del todo, protegiendo su moneda "for if the flies", se me vuelve a ir la cabeza -nada nuevo tampoco, menos todavía en domingo, que es el día en que suelo descorchar una botella de buen vino para santificar las comidas familiares-.
Eso de aunar países por interés económico -no hay más- suena bien. Al bueno de Beethoven ya se le había ocurrido la idea romántica hace como dos siglos, y Herbert von Karajan lo recordó cuando alguien le preguntó por un himno para la UE:
-Ya está hecho, amigo mío. Sólo hay que leer.

A mis alumnos les digo que la solución a los problemas del mundo la tienen los niños, o sea, ellos. 
-Hay que leer, pero no sólo un periódico, sino el de ellos y el de nosotros. Y no best-sellers, que son lo que quieren que leamos, sino literatura.
Uno me preguntó esta semana si un niño puede parar las guerras, concretamente lo de Siria.
-Ahora mismo no -salvo foto simbólica con premio- pero sí dentro de unos años, si aún hay mundo que salvar.
Los dejé pensando un rato, y luego vino la charla. Estos chicos tienen madera, como poco, de pacientes.

(En mis tiempos de estudiante no nos contaban esas cosas, preocupados por crear individuos individuales que brillasen con luz propia, a mayor gloria de la orden, la de cada uno y la que venía de arriba. Luego sacaban la foto del ex-alumno que llegó a ministro o director general. Las cosas, creo y espero, han cambiado. ¡Qué cojones, no han cambiado! El marketing manda).

Si me dejasen escoger, que va a ser que no, me uniría a Portugal e Irlanda del Sur, Eire. En Lisboa y Dublín me he sentido como en casa. Los portugueses son como gallegos mezclados con castellanos, extremeños y andaluces -y más gallegos-, una pequeña España pegada al Atlántico. Los irlandeses se me antojan mediterráneos por carácter, afilado por lo británico. Percepciones personales, quizá. En el año olímpico español, el 92, un vigilante de la urbanización donde mis alumnos se alojaban durante el mes de julio me dio una impagable clase de historia -que no pagué porque tampoco la pedí-:
-Eamon de Valera era un hijoputa, -sentenció con mala baba, sabiendo que éramos españoles-.
En mi inglés de entonces le respondí despacio, para asegurarme de que me entendía:
-Era hijo de español e irlandesa, así que tú sabrás, que las conocerás mejor.
De Eamon sabía y sé más bien poco, excepto su encarcelamiento en la prisión de Kilmainham, un presidio muy cinematográfico, siendo el último recluso que por allí pasó. Hasta pude ver su celda en una visita guiada.
De las irlandesas supe que eran la raza, versión XX más bella: Maureen O´Hara, la bailarina de danzas irlandesas con halitosis axilar de cuyo nombre no consigo acordarme y Mistress Something, (San Patricio de 2013) son una muestra válida, pese a la opinión del vigilante "tontolhaba". Julianne Moore tira mi tesis abajo, pero proviene de Escocia, así que me la apunto por proximidad geográfica.
Del vigilante sólo supe que me hablaba lo justo a partir de ese día. Sus clases particulares de historia a los estudiantes españoles se toparon conmigo, sin quererlo -él ni yo-.

Portugal podría reírse de nosotros y del flojo infante aquel, el terror de la doncella insatisfecha. (La doliente Juana se fertilizó con semilla ajena, eso sospechan, y Enrique "el impotente" -vallisoletano, aunque no de pro, ni nada paradigmático- fue devuelto a corrales por manso. La Beltraneja podría arrojar luz a tal efecto, o mejor el  tal Beltrán y Juana de Portugal, que lo supieron "in situ"). Pero, que yo sepa, no sólo no se ríe sino que nos trata con un respeto y una educación que para nos quisiéramos. 

Lo poco que sé de historia no me viene del colegio de los jesuitas, válgame Dios, sino de la curiosidad que mi padre me inculcó y de algunas consultas a wikipedia cuando escribo y me asaltan las dudas, más bien las hordas de dudas. Si aprobé la historia en COU fue porque el cura que la impartía me cogió miedo, tomándome por una especie de macarra sin escrúpulos al que convenía mantener alejado, regalo de aprobado mediante. (Puedo afirmar, porque lo vi, que mi nota original yacía bajo una mancha de Típex, un "muy deficiente" tapado por un "suficiente" de cuando se podía poner un cero a quien merecía un cero, no como ahora, que la "plataforma" escribe 1 donde pones 0, por no herir. Yo lo merecía).

Si algún día nos permiten votar con quién queremos hacer equipo, lo tengo claro: voy con Portugal, aunque venga Cristiano Ronaldo, y con Eire, venga quien venga, menos el vigilante erudito, que habrá emigrado a USA para conocer de primera mano dónde mandan los hijoputas.

Pd.- Para quienes me tachan de tibio, de que no me mojo.


domingo, 26 de marzo de 2017

TARANTINADA DE NADA

Cuando escribo no veo letras -que también-, sino imágenes. Vengo a ser, o así me siento, como un guionista que inventa la película o un crítico que la cuenta a su modo, intercalando el pasado y el futuro. Más o menos como Tarantino, pero en serie C. Nada que ver con Zemeckis, ni falta que hace.
Anoche sucedió de nuevo. Había quedado con Jorge, un maestro de la pública con (nunca contra) el que comparto dardos de poco veneno, más por divertimento que convencimiento. Nos conocimos hace tiempo, unos quince años atrás -no conseguimos ponernos de acuerdo en la fecha, menos aún con dos cubatas encima- tocando con la Parrús Dixie Band, una banda de cuatreros o forajidos, cruce de gansos y patos, que se juntan de bolo en bolo, divierten y se divierten. Caí ahí por casualidad, es mi estilo -casual en inglés- gracias al ubicuo Germán y al no menos ubicuo Toño, el peluquero, que por alguna razón subconsciente se acuerda de mí y me lía -benditos líos, no en vano él me presentó al "Niño de la zanfona", o "Hurdy-gurdy boy" en estos tiempos bilingües-. Lo que iba para cena de cuatro se convirtió en "pulp novel, movie o fiction". Fue un ir y venir placentero.
En la Parrús se juntan gallos de muchas razas consanguíneas y yo no dejo de ser otro pollo -con espolones- de dudoso pedigree y encima temporero, casi siempre "benéfico" (me llaman cuando falta alguien para completar el cupo). 
La última vez que toqué con la Parrús, huelga decir que por el catering -surviving mode-, Jorge comentó que estaba haciendo un libro de música para sus alumnos y pidió colaboración en forma de simple opinión, crítica o corrección. Allá que fui. Me mandó el "pedeefe" y reenvié mi revisión en una hora. Sé que le sorprendí, vaya que lo hice, cosa que quedó demostrada cuando me llegó un guasap.
-Voy a invitar a todos los que os habéis molestado en corregir mi libro.
Conociendo el percal, contesté con una afirmación que era pregunta trampa. 
-Te va a salir por un pico.
-No creas. Sólo has respondido tú.
No sé por qué lo imaginaba. O sí lo sé. Lo del percal.
Quedamos en un restaurante pijillo -no esperaba semejantes gustos de uno de la pública, espeté-.
Como Cuadri es mucho Cuadri llegó una hora tarde, dos vinos en dialecto pucelano, y se disculpó a su modo. A los postres apareció Diego, nuestro idolatrado Dieguito, de quien dicen que es el mejor baterista de la comunidad, cosa que no puedo confirmar por falta de conocimientos. Eso sí: es bueno, muy bueno. Es cojonudo, aunque peor baterista que persona.
-Te ha traído a Diego porque he quedado... 
Y el muy cabrón se piró después de pagar la cuenta, que en eso es serio de verdad, ni una mueca.
Así que me fui de copas con Diego, otro pedazo de amigo. Al despedirnos le invité a comer en casa "la mejor tortilla del mundo", siendo humilde, para la semana siguiente.
Antes de cenar anoche, como hay más tardones habituales, nos dio tiempo a una cerveza. En un salto temporal apareció Nacho, el celta con filtro, que había compartido habitación años ha con Quique, uno de la partida (será Kike por su ascendencia vasca) en unos cursos de la universidad de Comillas. Abrazos y etc.
En el restaurante (hay quienes, no sin razón, me acusan de prisa repentina) hubo otro salto del "hiperespacio". Como salidas (llegadas) del pasado más inesperado e inolvidado aparecieron Lorena, Carmen y Alicia. Tres eran tres. (Te lo juro, Quentin). Dos de ellas, más otra que faltaba, la mía, habían sido las novias de adolescencia de mis amigos del alma -que lo siguen siendo- a los quince. Amor quinceañero: primer beso, poemas, esperas con los libros, bajo el brazo nosotros, contra el pecho ellas. Todo fue precioso hasta el día fatídico en que, presas de un corporativismo feminista, nos dejaron a la vez, cinco meses después. "Amor fugit". 
Como el universo, el tiempo nos expande, no a ellas, que seguían igual de guapas, aunque sin el uniforme azul marino de las carmelitas. No hubo ocasión para tomar una copa hasta dentro de otros muchos años. Ahora somos padres, así que quizá cuando seamos abuelos volvamos a coincidir. Bendita coincidencia será.
El resto de la noche pasó de salto en salto, a base de recuerdos de músicos, de amores frustrados, adelante y atrás. Como Tarantino pero sin guión. Y sin sangre, claro. 

domingo, 19 de marzo de 2017

EL DÍA DEL PADRE Y LA MADRE QUE LO PARIÓ


Ya se sabe que el comercio rige las fiestas antaño santificables y se aprovecha de ellas. Sobran ejemplos. Anoche, a las doce pasadas, me dieron el regalo: un pijama, que me venía bien porque a ciertas edades hay que ser prácticos. Acertaron con la talla, son muchos años manteniendo el peso, no así el contorno, que se reparte caprichosamente vete a saber por qué razones.
Me lo puse, no hay mayor señal de agradecimiento que no usar el vale-regalo, rayano en la grosería, sólo superado por los que dejan la etiqueta con el precio, "porque hay confianza", y aunque picaba un poco por el apresto, o la cantidad de manos que lo habrían tocado antes, me acurruqué bajo el edredón.
He despertado sudando, no porque fuera un pijama de lana pirineo sino por las pesadillas, supongo que casuales: con mi nueva prenda me adentraba en las selvas africanas, huía de las fieras a esa velocidad de los sueños comparable al McLaren de Fernando Alonso hasta que una boa constrictor me apresaba. Lo he contado durante el desayuno y mi hija, muerta de risa, ha venido con la anaconda colgando entre dos dedos:
-Para otra vez, corta antes la etiqueta.


domingo, 12 de marzo de 2017

RESUMEN DOMINICAL




1
El jueves de esta semana acabé con Bukowski. La casualidad ha hecho que coincidiera con el nueve de marzo, cuando falleció, pero con años de diferencia. Lo otro sería, más que casualidad, fatalidad, sobre todo para él, que de haberlo sabido habría seguido escribiendo y enviándome sus textos, aunque me temo que estaba cansado de vivir y beber. Para ser un tipo alcohólico, machista-misógino, paranoico, apostador compulsivo en carreras de caballos y otras lindezas, no se le daba mal lo de escribir. 
Lo malo es que suelo coger a cada autor por el pescuezo y leo todo lo suyo o casi todo -seis de sus siete novelas- de un tirón, y Chinaski te acaba poniendo la casa perdida de detritus, que además no son PDF, porque compro los libros. Pocas concesiones a la galería. Quien tenga prejuicios del tipo "este es un rojo-este es un azul" u otros maniqueísmos al uso y abuso, que no lo lea. Hay pocos que se salven de algún pecado. Que tampoco escuche a Wagner o Tchaikovski.  

2
Dice mi amigo Alfonso Baruque que cuando preguntas a un cantante de ópera -él lo es, un bestia que pasó del do de pecho al do de cerdo, tres octavas limpias sin falsete- qué tal anda de trabajo, responde:
-Fenomenal, muy liado, sin parar: tengo una audición aquí, otra allá... -y se ríe-.
Vamos, que lo que es trabajo del de cobrar suele haber poco, y si no, también suele haber poco que cobrar.
No estoy en contra de tocar o cantar gratis las primeras veces. Uno ofrece su producto, lo pone a prueba, como el bodeguero regala botellas al principio para amortizarlas después si el vino es bueno, o te invitan el día de la inauguración de un bar y si te gusta vuelves. Otra cosa es hacerlo siempre "por promocionarte". Cada uno decide cuánto está dispuesto a donar.

Después del vídeo del Cuarteto Muzikanten nos ofrecieron un par de actuaciones: una de pago y otra benéfica. La primera está a falta de la firma. La segunda... buscando sponsor. Hay cien "megustas" y cuatro "nomegustas" de casi cinco mil visualizaciones o visitas en youtube.  Tenemos mucho trabajo. Un no parar. 

3
Desconozco cómo aparece un "palabro" de repente. Sé cómo se transmite: salta de cerebro vacío en cerebro vacío, donde hay sitio para cualquier cosa. La expresión-muletilla "en plan" está, como el Rock and Roll, "here to stay". En lugar de callarte para respirar, o simplemente para pensar, metes un "en plan" y te las das de moderno, verbigracia: 
-"Me compré una gabardina en plan azul marino que es superdivertida".
-"La cena estuvo en plan muy bien, superdivertida".
-"Y me dice la vecina, en plan, parece que va a llover (para eso me he comprado una gabardina superdivertida)".
Vamos, que me superdivierto, o sea, en plan.

4
"La música es una revelación más alta que la filosofía". Ludwig van Beethoven.
"Permanece callado cuando no puedas mejorar el silencio". Autor desconocido, aunque me gusta adjudicarme la autoría, que no su aplicación.

Pd.- La foto es del 12 de febrero, cuando grabamos el vídeo. Obviamente, desobedecimos. Ángela Vizcaíno puede dar testimonio gráfico de que visitamos el confesionario, bien arrepentidos. 






sábado, 25 de febrero de 2017

GALLETITAS DE PUEBLO



A veces creo que mi cabeza funciona como las cookies de internet, que pasan factura a 30, 60 y 90. Por algún motivo ajeno a la informática, o no tanto, saltan recuerdos relacionados que se me ofrecen como para comprarlos en un almacén de segunda mano. 

El domingo 12 de febrero, entre toma y toma, recibo. Quid pro quo. Pese a la intensidad del trabajo, que requiere de toda la atención que un hiperactivo puede concentrar, se me va la cabeza, afortunadamente no muy lejos. A los pocos metros que separan la iglesia de San Ciprano (que la web se obstina en ubicar "en el centro del pueblo") de la casa de mis abuelos maternos (de punta a punta, no es tanto en San Cebrián) suceden cosas de nuevo, un deja-vu de mentira, porque sucede lo que ya ha sucedido, no esa trampa del cerebro que cree haber visto lo que no: la entrada en la calle polvorienta y sembrada de cagalitas de oveja que creí aceitunas gracias a mi hermano hasta que las probé, nada que ver; el portazo -¡coño, cerrad con cuidado!- en el SEAT de turno cuando un SEAT era un coche (un FIAT clonado antes de que FIAT y SEAT clonasen la misma vulgaridad);  el descenso de cinco críos en pos de los abuelos; el posterior de mis padres; los besos de Felisa, mi abuela, permanentemente enlutadita en su metro y medio escaso por los hijos que no llegaron a medrar; los de mi madre y los menos efusivos pero tan sinceros de mi padre, nada besucón; "no os esperaba" -Felisa-, "si quiere nos vamos" -Fernando, llaves del 600, 1500, 1430 o 132 en mano, siempre de usted-, "no, hijo", -Felisa asustada, sin captar la retranca de mi padre, hereditaria y eterna-; el "id al teleclub a que os convide vuestro abuelo, Serafín"; la carrera hasta el bar social, las fantanaranjas a tres pesetas y la cerveza "aguiladoradaoimperial" (se extinguió el águila, o casi) a cinco, o al revés; las partidas de tute o dominó; las pastas en la casa-tienda de la tía Anastasia ("ya vendrá mi abuela a pagar"); los caramelos rellenos de Tardá en el bar de la señora Ramona... todo lo que un forastero (pero "hijo del pueblo", que servía a mi padre para cazar codornices y perdices en los cotos junto a los Manolos, Alonso y Cuadrado -tío-abuelo de mi osteópata-, que lo trataban con camaradería) podía esperar. 
En ocasiones llevábamos a algún primo, de Serafina o Chonita, saltando las leyes de la policía, como sorpresa. Otras ya estaban allí, en su "erreseis" azul o su "sport 1600" (las menos). Más ruido de primos que aún se quieren, más jamón del sobrao, más huevos en plato de porcelana con borde azul. Más futbolistas en la era. En verano venía la francesa, Maricarmen, con Josemari, vascofrancés guapérrimo, igual que sus hijos, en un Citroen; sus hermanas Celia, Felisa (serio su marido, pero cariñoso), o los de Santander en su Renault 20 posterior al Austin rojo en cuyo maletero nos amontonábamos. El de Rioseco, con Santi y Pili. Primos y más primos, tíos y más tíos, besos y más besos.
Allí me puse piripi a sangría (mi primer piripismo, Cipri mediante y Fernando terciante, con algún sorbo despistado) por primera vez en la peña de mi prima (como los gitanos, en los pueblos pequeños casi todos somos primos) Esperancina,  que nunca será Esperanza, porque esa es su madre, la que ahora es nonagenaria y siempre cultureta (en el mejor sentido de la palabra), que cantaba en misa y dirigía el coro, con D. Isidro, el cura chiquitín añorante de la transustanciación bajo la sotana con mil misas nada mozárabes, entreteniendo la espera mística hasta que la vinagera vertía el poco vino que habría necesitado para hacer sus homilías más amenas y audibles, que parecían en latín vulgar y corriente. En la ermita de Santa Marta le ayudé, gracias a mi titulación de monaguillo capitalino, él de espaldas y yo de frente (cada uno con su concilio), muerto de vergüenza sin saber dónde mirar, y él bajo el sonido de la esquililla, "échalo todo" (el vino, de un botellín en miniatura de brandy 103, 501 o soberano, que era y es cosa de hombres muy hombres, o curas muy curas). Luego la comida: mi padre colocando las chuletillas de lechazo (después supe que no había que confundir churras con merinas, y así sigo dudando) como un arquitecto casando sillares a ojo sobre la parrilla, más reluciente que la RAE; mi abuelo poniendo pegas hasta que las probó, ya se sabe, discusión padre-hijo (aunque fueran políticos legaban a abrazarse un poco) antes de la política moderna; mi mancha en la camiseta azul tras subirme en la morera centenaria (la mancha de la mora...); la vuelta a casa impregnados de besos...
Parcial: sólo fue un vídeo de cuatro minutos grabado en seis horas.
Total: fueron muchas más cosas, minutos, horas, días, años...

Fotografía: Ángela Vizcaíno, con permiso expreso. "Cuarteto muzikanten en actitud oranten".

domingo, 19 de febrero de 2017

CUARTETO MUZIKANTEN, EL VIDEOCLIP. A VENDERSE TOCAN (DIGO CANTAN).


Uno no es nada si no se sabe lo que hace, parece decir la sociedad. No hay duda de que nadie compra lo que no conoce o no sabe que existe. Para eso, supongo, se inventó el marketing. Remar contracorriente, ajeno al mercado, se convierte en ejercicio agotador además de poco útil. 

El domingo pasado excusé mi cita con el blog, aunque adelanté mi contribución al sábado, más por disciplina que otra cosa. Había otro compromiso al que no podía faltar: la grabación del primer videoclip del Cuarteto Muzikanten. Existe otro anterior que David Ramos montó con secuencias que nosotros mismos grabamos para hacerle un regalo a Germán Díaz y promocionar sus capones Da Capo, esos que criaba en su granja para gloria de los gourmets. El cineasta gallego hizo un trabajo soberbio para firmar nuestra entrada en youtube inaugurando el canal propio.
Tocaba renovar la producción y así fue que el domingo 12 nos pusimos a ello, bajo la batuta de Marco Leonato, a quien se nota la cinefilia desde que hace la primera toma. Si has visto películas con atención no tardas en identificar sus gustos. 
La iglesia mozárabe de San Cebrián de Mazote (Valladolid) fue el escenario escogido por diversa motivos: uno es puramente estético. De entre todas las que nos ofrecieron, esta nos pareció más adecuada. Castronuevo de Esgueva, San Martín de Valvení y Aguilar de Campos tendrán su momento, esperamos. El otro tiene que ver con lo afectivo: mi madre nació en San Cebrián y me apetecía contribuir a la promoción de su pueblo, que es el mío. 
Durante las seis horas que permanecimos allí, acertó a aparecer el arquitecto encargado de la restauración en 1987, Salvador Mata, que se mostró muy satisfecho de su trabajo. Aunque dijo que no teníamos mucha pinta de mozárabes (bien cierto), me encantó escuchar sus explicaciones sobre la obra. Fue una feliz casualidad.
Seis horas y docenas de tomas más tarde, salimos de la iglesia satisfechos, contentos y ateridos. 
Supongo que antes de que acabe el invierno podremos compartir el resultado de la jornada. Ángela Vizcaíno ya ha dejado algunas perlas salidas de su cámara, pero su discreción y respeto hacia Marco impiden que disfrutemos de más fotos. 
Gracias a Toño, David y Eugenio por acompañarme en este proyecto, y a Fernando, mi hermano, que colaboró activa y desinteresadamente en esos detalles nimios, como encender más de cien velas, que son parte del trabajo como ayudante de dirección. 
También agradecemos a Emilio, nuestro intermediario, y a D. Enrique, el sacerdote, no sólo las facilidades sino el interés mostrado. Esperamos no defraudarlos.